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 La idea de que la complejidad de un organismo es evidencia de la
existencia de un diseñador cósmico fue definida por el teólogo
inglés William Paley, creador de la famosa analogía del fabricante
de relojes.
Si encontramos un reloj de bolsillo en un campo,
escribió Paley en 1802, inmediatamente podemos inferir que fue
producido no por procesos naturales actuando ciegamente sino por un
intelecto humano diseñador.

De la misma manera, él razonó, el mundo
natural contiene abundante evidencia de un creador sobrenatural.
Michael J. Behe
defiende el diseño
inteligente con el siguiente argumento: "Los
científicos usan el término "caja negra" para referirse a un sistema
del cual se desconoce su funcionamiento. Para Charles Darwin y sus
contemporáneos, la célula viva era una caja negra, pues su mecánica
fundamental era totalmente desconocida. Ahora sabemos que, muy lejos
de estar formada por un tipo simple de protoplasma uniforme (como
creían muchos de los científicos del Siglo XIX) cada célula viva
contiene muchas máquinas moleculares ultra sofisticadas.
¿Cómo podemos decidir si la selección natural Darwiniana puede dar
cuenta a la increíble complejidad que existe a nivel molecular? El
mismo Darwin definió el estándar cuando reconoció que "Si se pudiera
demostrar que ha existido algún órgano complejo que no fue formado
por numerosos y sucesivos cambios pequeños, mi teoría se
desmoronaría por completo."

Algunos sistemas parecen ser muy difíciles de formar por
modificaciones sucesivas. Yo llamo a estos sistemas irreduciblemente
complejos. La selección natural solo puede escoger entre sistemas
que ya están funcionando, por lo que la existencia en la naturaleza
de sistemas biológicos irreduciblemente complejos representa un
poderoso reto a la teoría Darwiniana. Podemos observar con
frecuencia estos sistemas en las partes que componen una células, en
los cuales la remoción de un elemento causaría que el sistema
completo dejara de funcionar. El flagelo de las bacterias es un buen
ejemplo.

Ellos son como motores fuera de borda que las células
bacterianas usan para su autopropulsión. Tienen una hélice larga,
como un látigo, que es girada por un motor molecular. La hélice está
unida al motor por una junta universal. El motor está sostenido por
proteínas que actúan como una base de estabilización. Otras
proteínas actúan como cojinetes que permiten al eje penetrar la
membrana bacteriana.

Hacen falta docenas de proteínas para obtener
un flagelo operativo. En la ausencia de casi cualquiera de ellas, el
flagelo no funciona o no puede ser construido por la célula.
Los libros de texto y los artículos científicos en bioquímica
describen los mecanismos de algunas de las máquinas moleculares
vivas que existen dentro de nuestras células, pero ofrecen muy poca
información sobre cómo evolucionaron estos sistemas por selección
natural.
Muchos científicos admiten francamente su desconcierto acerca de
cómo han podido originarse, pero rechazan analizar la hipótesis
obvia: que quizás las máquinas moleculares parecen ser diseñadas
porque en realidad son diseñadas." (fin de la cita)

Al mirar a nuestro alrededor y
apreciar el maravilloso diseño
del Universo y de la vida, no aceptamos como inteligente la
explicación de que todo es producto de una explosión original y de
miles de millones de casualidades ciegas que llevaron a la formación
de esta maravillosa y complicadísima realidad. Creemos que un Poder
y una Inteligencia desconocida estan detrás de todo lo que existe.
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